El reingreso a la atmósfera es la maniobra más peligrosa de la misión Artemis II. La cápsula Orion desciende a cerca de 40.000 kilómetros por hora y enfrenta temperaturas de más de 3.000 grados Celsius, condiciones que ponen al límite cualquier sistema de protección.
El escudo térmico de la nave es la barrera entre la tripulación y el calor extremo. Si ese componente falla, la misión fracasa. Por eso, su desempeño durante el descenso es determinante.
La secuencia de reentrada contempla tres etapas: la desaceleración progresiva de la nave, la orientación controlada del módulo y, por último, el amerizaje en el océano para su recuperación por parte de equipos de tierra.
La NASA señaló que este momento es clave para el futuro del programa. Artemis busca volver a enviar astronautas a la Luna y proyectar misiones de mayor alcance en el espacio. Los datos que arroje este reingreso servirán para ajustar los vuelos que vendrán.

