Fiestas, ruido y riesgos en una ciudad con pirotecnia prohibida

Fiestas, ruido y riesgos en una ciudad con pirotecnia prohibida

Las fiestas de fin de año vuelven a poner en primer plano una discusión que se repite cada diciembre: el uso de pirotecnia sonora, pese a que en la ciudad rige una ordenanza de pirotecnia cero. La norma existe, pero su incumplimiento sistemático expone una problemática que trasciende lo recreativo.

Los efectos de la pirotecnia impactan de lleno en la salud humana. Niños con TEA sufren crisis severas ante los ruidos intensos, mientras que adultos mayores y personas con patologías cardíacas o trastornos de ansiedad enfrentan riesgos reales de descompensación.

Cada año, además, se registran quemaduras, amputaciones y accidentes, muchos de ellos dentro de viviendas o en zonas urbanas densamente pobladas, producto del uso irresponsable de artefactos pirotécnicos.

El daño se extiende a los animales, que padecen episodios de pánico extremo. Mascotas que huyen, fauna silvestre desorientada y muertes evitables forman parte de una realidad reiterada, documentada por veterinarios y organizaciones protectoras.

A nivel ambiental, la pirotecnia implica contaminación, residuos tóxicos y un alto riesgo de incendios, tanto en barrios residenciales como en áreas naturales y zonas protegidas, donde las consecuencias pueden ser irreversibles.

En este contexto, la discusión ya no es cultural ni tradicional, sino de responsabilidad colectiva. Existen alternativas para festejar sin dañar: espectáculos lumínicos, música, reuniones familiares y actividades comunitarias.

Respetar la pirotecnia cero es respetar al otro. Es entender que unas fiestas en paz también son una forma de cuidar la vida y el ambiente.

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