La trashumancia, una de las prácticas más tradicionales del norte de Neuquén, comenzó en marzo con el traslado de crianceros y ganado desde las zonas de veranada hacia la invernada.
El proceso, que se desarrollará hasta mayo, implica el desplazamiento de animales a lo largo de extensos recorridos, atravesando rutas, caminos y sectores rurales, en función de las condiciones climáticas y la disponibilidad de pasturas.
Este movimiento genera un escenario particular en materia de tránsito, con la presencia frecuente de arreos sobre o cerca de la calzada, lo que obliga a los conductores a modificar su comportamiento habitual.
Desde las autoridades se insistió en la necesidad de circular con precaución, reducir la velocidad y evitar el uso de bocina, ya que puede alterar a los animales y generar situaciones de riesgo.
Asimismo, se recomendó esperar el paso completo del arreo antes de retomar la marcha, evitando maniobras peligrosas.
El riesgo aumenta durante la noche, cuando la visibilidad disminuye y los animales pueden desplazarse de manera dispersa en zonas cercanas a la ruta.
En términos estructurales, la trashumancia representa mucho más que un traslado: es una práctica productiva, social y cultural, que organiza la vida en amplios sectores de la provincia.

