Lo que para muchos es una bicicleta en desuso, para Diego Paulete representa una oportunidad para cambiar la vida de un chico. Desde el garaje de su casa en Ingeniero Huergo, junto a su compañera Jennifer Romero y otros integrantes de su familia, lleva adelante desde hace once años el proyecto solidario Robando Sonrisas.
La iniciativa nació en 2015, después de que un incendio destruyera la vivienda de una madre soltera. Diego, electricista de profesión, colaboró con la reconstrucción de la instalación eléctrica y, a partir de esa experiencia, decidió mantener una actividad solidaria de forma permanente.
Con el tiempo encontró la manera: reparar bicicletas que ya no se utilizan para entregarlas a niños que las necesitan.
Actualmente el proyecto reúne a seis personas. También participan Hugo y Mirta Paulete, padres de Diego, quienes aportan repuestos desde su bicicletería, además de familiares y vecinos que colaboran como voluntarios.
Las bicicletas llegan gracias a donaciones de vecinos de distintas localidades de Río Negro. Cada una pasa por un proceso de restauración que incluye el reemplazo de frenos, ruedas, cadenas y otras piezas necesarias para que vuelvan a estar en condiciones de uso.
Antes de cada entrega, el grupo trabaja junto a referentes barriales, merenderos y organizaciones sociales para identificar a los niños que realmente las necesitan.
En estos once años, Robando Sonrisas ya entregó cerca de 900 bicicletas en 14 localidades rionegrinas. La próxima meta es alcanzar las mil unidades y conseguir un espacio propio para continuar con las reparaciones.
«No somos una ONG ni recibimos financiamiento. Todo se hace con donaciones», resume Diego.

