Las relaciones entre Estados Unidos y Cuba volvieron a tensarse luego de que el presidente Donald Trump afirmara que podría avanzar sobre la isla “casi de inmediato”, en declaraciones realizadas durante una cena privada en Florida.
El mandatario planteó incluso la posibilidad de enviar el portaaviones USS Abraham Lincoln al Caribe, como señal de presión militar, en un contexto de creciente confrontación.
Aunque el tono fue interpretado por algunos colaboradores como irónico, el planteo no pasó desapercibido, especialmente porque coincidió con nuevas sanciones económicas contra Cuba.
Las medidas apuntan a sectores estratégicos de la economía cubana y amplían el alcance de restricciones previas, incluyendo posibles sanciones a empresas extranjeras vinculadas con el país.
La reacción desde La Habana fue inmediata. El presidente Miguel Díaz-Canel rechazó el endurecimiento de las medidas, mientras que el canciller Bruno Rodríguez Parrilla denunció que se trata de una política de presión sobre la población civil.
El escenario se completa con una creciente tensión internacional, donde Estados Unidos mantiene frentes abiertos en otras regiones, lo que agrega incertidumbre al desarrollo de los acontecimientos.

